A VECES NO TIENES GANAS DE BEBER, NO PUEDES O SIMPLEMENTE NO TE GUSTA. EN FIN, HAY MUCHAS RAZONES POR LAS CUALES UNA BEBIDA ALCOHÓLICA NO SIEMPRE ES APROPIADA. SIN EMBARGO, ESO NO SIGNIFICA QUE NO PUEDAS DISFRUTAR DE UNA BUENA CERVEZA.

Al Al igual que las cervezas sin gluten, las cervezas sin alcohol se están abriendo camino en el mundo y México no es la excepción. Una buena noticia para las mujeres embarazadas o para quienes deseen un aperitivo ligero y sutil, sin alcohol. Si bien existen numerosas opciones industriales de esta bebida, hacer una buena cerveza artesanal sin alcohol todavía es un verdadero reto. Mientras nuestros cerveceros se afanan en el tema, nosotros te contamos más sobre la situación actual de la cerveza sin alcohol en el mundo.

De la prohibición a la popularidad La cerveza sin alcohol encuentra sus orígenes en Estados Unidos, en la década de 1920. Era

la época de la Prohibición, una ley de la Constitución estadounidense que para reducir la delincuencia y la corrupción; prohibía la fabricación, el transporte, la importación y la venta de alcohol. Esta ley, que estuvo en vigor de 1919 a 1933, podría haber hundido a muchas cervecerías, si estas no hubieran tenido la idea de adaptar su oferta a ella. Fue así que nació la cerveza sin alcohol. En México, el consumo de esta cerveza ha aumentado durante los últimos años. El concepto no es desconocido en nuestro país, ya que las primeras cervezas sin alcohol aparecen desde la década de 2010 en los anaqueles mexicanos. Si bien en un inicio los consumidores desconfiaban del sabor y la calidad del producto, esta tendencia fue

cambiando poco a poco ante la aparición de nuevos hábitos de consumo focalizados en el cuidado de la salud. Los grandes grupos cerveceros encontraron así un mercado para sus cervezas sin alcohol, donde el consumidor busca bebidas con menos calorías, carbohidratos o libres de gluten.

 


 BEBIDA ICÓNICA DEL OCCIDENTE DE MÉXICO, EL TEJUINO

ES UNA BEBIDA DE ORIGEN PREHISPÁNICO A BASE DE MAÍZ Y PILONCILLO.

En México existen numerosas bebidas elaboradas a partir de maíz fermentado, como el pozol, que consumen los pueblos mayas en el sur de México, el tejate de Oaxaca, el atole agrio que se elabora en el altiplano de Puebla, el tesgüino al noroeste del país y, por supuesto, el tejuino, propio de los estados de Jalisco, Nayarit, Colima y Michoacán.

Como ocurre con muchas recetas mexicanas, los orígenes históricos del tejuino son difíciles de precisar. Sin embargo, la mayoría de las fuentes remontan los orígenes de esta bebida de maíz fermentado a hace más de siete mil años, entre los pueblos nahuas asentados en el noroeste y

centro de México. Su nombre proviene de la palabra náhuatl tecuini, que puede traducirse como "palpitar" o "golpear el corazón". Esto se debe probablemente a que los alimentos fermentados contienen bajas cantidades de alcohol que tienen un efecto sobre el ritmo cardíaco. Muchos creen que el tejuino se utilizaba como bebida ceremonial o "bebida de los dioses", como se le llama a veces. Lo cierto es que debemos distinguir entre el tesgüino y el tejuino, bebidas que tanto los indígenas rarámuri (tarahumaras) como wixaritari (huicholes) siguen utilizando en ceremonias religiosas y otras celebraciones sociales. Asimismo, ambas bebidas difieren en su

forma de preparación. El tesgüino es propio de los pueblos indígenas de Chihuahua, Sonora y Durango, y se consume en contextos rituales y comunitarios.