LA CHAMPAÑA ES EL MIEMBRO MÁS CONOCIDO DE LA FAMILIA DE LOS ESPUMOSOS Y LA ESTRELLA DE EVENTOS ESPECIALES. PERO EXISTEN OTROS VINOS ESPUMOSOS, PERFECTOS PARA ACOMPAÑAR NUESTRAS REUNIONES DE VERANO: LOS VINOS DE AGUJA.

 

Los vinos espumosos se contraponen a otros vinos, que se conocen como "vinos tranquilos". Cada vino espumoso tiene sus propias características, aunque algunas de ellas sean similares. El método de vinificación, las variedades de uva autorizadas, las regiones específicas de producción... todos estos puntos los diferencian entre sí. Sin embargo, lo que los une es el hecho de que todos contienen dióxido de carbono. Es gracias a este gas que hay burbujas y espuma. Entre los tipos de vino espumoso encontramos por supuesto el champán, pero también el cava, prosecco, crémant, etc.

 

 En países hispanohablantes, se les llama vinos de aguja a aquellos vinos espumosos que contienen finas burbujas de gas que producen en boca una sensación de “piquetes” en la lengua. También se les puede encontrar bajo el nombre de frizzantes en italiano, Perlwein en alemán o de vins pétillants en francés. Estos vinos se identifican fácilmente cuando se agita un poco la botella y se observan ligeramente las burbujas en el líquido y no solo en la superficie de este. Se caracterizan por ser vinos refrescantes con un buen grado de acidez, fáciles de beber gracias a su baja graduación alcohólica y suaves burbujas de gas.  

Gasificación El dióxido de carbono presente en los vinos de aguja puede ser de dos tipos: endógeno o exógeno. Es decir, que puede obtenerse de manera natural durante la fermentación o por adición. Los vinos producidos mediante este último proceso deben ser comercializados bajo el nombre de “vinos de aguja gasificados”, ya que el anhídrido carbónico no es producto de la fermentación de los azúcares del mosto. Este etiquetado ayuda además al consumidor a evitar confusiones en torno a las características del vino y los costes de producción; normalmente menores para los vinos gasificados. Los vinos de aguja naturales pueden obtener sus burbujas de una fermentación única del mosto en tanques presurizados (método 

 

 


 A PESAR DE QUE LAS DEFINICIONES DE LOS VINOS NORMALMENTE EXALTAN SUS CARACTERÍSTICAS POSITIVAS O VIRTUDES, EXISTEN DEFINICIONES QUE BUSCAN HACER NOTAR SUS DEFECTOS. HABLEMOS DE UNA DE ESTAS CATEGORÍAS.

 

ay veces que los sentidos no mienten y nos alertan de la catástrofe que esta por acontecer. Quizá en alguna ocasión descorchaste un vino con la esperanza de probar algo nuevo. Todo iba bien hasta el momento de la verdad. Pasas a la cata olfativa y al hacerlo, recibes el primer golpe: los aromas que inmediatamente percibes fueron los de fruta mala, corcho y madera rancia. Tomas valor y bebes un trago. Al hacerlo el alcohol en exceso te lija la lengua y quema la boca. Por último, el retrogusto que deja es el de algo podrido que no sabes identificar y que, lamentablemente, sabes que permanecerá bastante tiempo. Fue así que le hiciste frente a un vino peleón y no lo supiste en ese momento, pero te venció. Un vino peleón es un vino de mala calidad. Los vinos peleones, la mayoría de las veces, son vinos jóvenes aunque desequilibrados. No contienen aromas que sean agradables al olfato y carecen de matices. En boca pueden tener un sabor corrosivo, suelen ser amargos y con una gran presencia de alcohol que termina por dar la sensación de quemazón. Sinónimo también de dolor de cabeza al día siguiente, es mejor dejar a los vinos peleones de lado para evitar una resaca de proporciones gigantescas.

Regularmente los vinos peleones son baratos, aunque no todos los vinos de precio bajo son de baja calidad, o clasificados como un vino peleón. Los vinos se conforman principalmente de agua, aproximadamente un 84 y 88%, y del alcohol que surge de la fermentación, que fluctúa entre el 7 y el 18%. También existen sustancias que aportan aroma al vino, taninos que proporcionan textura y color, ácidos y azúcares que influyen en su sabor. La conjunción de cada uno de estos elementos es lo que le da la personalidad a cada vino. Una correcta proporción de cada elemento da lugar a un vino equilibrado.